
Anonymous artist, The Conversion of St. Paul, miniature in the Vivian Bible, c. 845, Vatican Museums (Rome)
Today we witness a moment of profound transformation. Jesus calls Simon Peter, a simple fisherman, to leave everything behind and follow Him. Peter, overwhelmed by his unworthiness, falls to his knees and says, “Depart from me, Lord, for I am a sinful man!” But Jesus does not focus on Peter’s sins or inadequacies. Instead, He invites him to become a fisher of men, showing that God’s call is not based on human merit but on divine mercy.
This theme resonates with Paul’s story the second reading. He openly acknowledges his unworthiness, describing himself as «the least of the apostles» because of his past persecution of the Church. Yet, it is through God’s grace that Paul becomes a powerful witness to the Gospel. He reminds us that our weaknesses, sins, and limitations are no obstacle to God’s plans. It is God’s grace that transforms us and gives us the strength to respond to His call. The prophet Isaiah had a similar experience. In a vision of God’s holiness, Isaiah feels unclean and inadequate. Yet, when God asks, “Whom shall I send?” Isaiah responds with courage, “Here I am, send me!” This reminds us that God does not call the perfect but purifies and equips those He calls. And the psalm today echoes the confidence we can have in God’s mercy and faithfulness. The psalmist praises God for answering his prayers and strengthening his soul. Even when we walk in the midst of trouble, God stretches out His hand to save us. His love never abandons us. As we prepare for the Jubilee of 2025, Pope Francis reminds us that it is a time to rediscover the joy of encountering Jesus, especially in our brokenness. He says, “Let us never forget that the Lord comes to meet us just as we are, even in our poverty, fragility, and sinfulness. His arms are always open wide.”
The lives of Peter, Paul, and Isaiah teach us that God calls us despite our flaws. Like them, we are invited to trust in His mercy and respond generously. The Jubilee is an opportunity to open our hearts to this call, to let go of fear, and to embrace the mission God has for each of us. In our encounter with Jesus, we find the courage to say, «Here I am, send me,» trusting that His grace is sufficient for every step of the journey • AE

St. Joseph Catholic Church (Dilley, TX) • Weekend Schedule

Fr. Agustin E. (Parish Administrator)
Saturday, February 8, 2025.
5.00 p.m. Sacramento de la Confesión
6.00 p.m. Santa Misa.
Sunday, February 9, 2025
8.00 a.m. Sacrament of Reconciliation
8.30 a.m. Holy Mass.
10.30 p.m. Sacrament of Reconciliation.
11.00 a.m. Holy Mass.
V Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Rafael Sanzio de Urbino, La pesca milagrosa (c. 1560), tapiz, Galeria de las Colecciones Reales (Madrid)
El evangelio de este domingo nos dice algo muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio. El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y la gente se va acercando para oír la Palabra de Dios. No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios. No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.
También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.
Hoy, 2025, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años. Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias. Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde un Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?
¿No tendríamos que poner el Evangelio en el primer plano de todo? Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar encontrarse con él, ¿son nuestras comunidades parroquiales aduanas en las que se tasa a la gente y se decide si son dignos o no? ¿Somos una iglesia en salida, como tanto le gusta repetir al santo padre Francisco? La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús, y este domingo a esto nos invita la liturgia de la Palabra • AE

¿Qué vamos a leer?


