
M. Laurencin, Portraits (Marie Laurencin, Cecilia de Madrazo and the Dog Coco) (1915), oil on canvas — Tate Modern, London.
Jesus says something shocking in this Sunday’s Gospel: if you come to the altar and remember that someone has something against you, leave your gift there and go first to be reconciled. The altar can wait; forgiveness cannot. We often feel safe with the commandment “You shall not kill,” because we have not taken a life. But Jesus looks deeper. Anger, contempt, harsh words, and silent resentment also wound life. The commandment is no longer only about blood on the hands, but about bitterness in the heart. And this speaks directly to our times. We live in a culture shaped by outrage, suspicion, and easy contempt. People no longer disagree; they dismiss each other. Yet Jesus does not ask who is right. He asks who is willing to take the first step toward peace. Forgiveness rarely feels fair. It does not erase the wound, but it refuses to let hatred make a home inside us. Before the altar, we ask for mercy and promise to give it. The path back to peace is rarely dramatic; it is more like a slow, quiet movement—something simple and transparent, the kind of stillness you might hear in a piece by Bach or Arvo Pärt, where each note leaves space for the next. Perhaps the Gospel is asking only that today: one name remembered, one prayer offered, one small step toward peace •

St. Joseph Catholic Church (Dilley, TX) • Weekend Schedule

Fr. Agustin E. (Parish Administrator)
Saturday, February 14, 2026
5.00 p.m. Sacramento de la Confesión
6.00 p.m. Santa Misa.
Sunday, February 15, 2026
7.00 a.m. Sacrament of Reconciliation
8.30 a.m. Holy Mass.
10.30 a.m. Sacrament of Reconciliation.
11.00 a.m. Holy Mass.
VI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Johannes Vermeer, Jóven con jarra de agua (1662), óleo sobre tela, The Metropolitan Museum of Art (New York).
Hay frases del Evangelio que nos hacen sentir bien, y hay otras que nos dejan inquietos. Esta es una de ellas. Jesús no se queda en la superficie del mandamiento; entra hasta el fondo del corazón. No basta con no matar. También hay que vigilar la ira, el desprecio, las palabras duras, las cuentas pendientes que vamos acumulando en silencio. Y por eso dice algo que suena casi exagerado: si vas al altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte. Como si dijera: antes que tus oraciones, antes que tus cantos, antes que tus devociones, está el corazón limpio. Porque la fe no es solo lo que hacemos delante de Dios, sino lo que somos delante de los demás. El perdón, sin embargo, casi nunca es heroico ni espectacular. Se parece más a esos cuadros de Vermeer donde la luz entra en silencio por una ventana y transforma la habitación sin hacer ruido. Nadie aplaude ese momento, pero todo cambia. Tal vez el Evangelio de hoy nos pide algo así: dejar que una pequeña luz entre en una relación rota, en una conversación pendiente, en una herida que todavía duele. No resolverlo todo de golpe, sino dar un paso humilde y verdadero. Y eso, a los ojos de Dios, vale más que cualquier ofrenda •

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