Twelfth Sunday in Ordinary Time (Cycle A)

Field Sparrow — John James Audubon, hand-colored engraving from The Birds of America, c. 1827–1838.

Fear is one of the great forces shaping our world. It drives headlines, fuels arguments, and often determines how people speak, vote, work, and even pray. Yet in this Sunday’s Gospel, Jesus repeats a command that remains as challenging today as it was two thousand years ago: “Do not be afraid.” He is not speaking to people living comfortable lives. He is preparing His disciples for opposition, misunderstanding, and rejection. He knows that following Him will sometimes be costly. And yet He tells them not to fear those who can harm the body, because their lives rest in the hands of a loving Father. To make His point, Jesus speaks about sparrows, tiny creatures of little value in the eyes of the world, and reminds us that not one of them falls without God’s knowledge. Then He says something even more astonishing: “Even all the hairs of your head are counted.” In other words, nothing about your life escapes the attention of God. Your worries, your burdens, your hopes, your hidden struggles—all are known to Him. The Christian answer to fear is not self-confidence, stubbornness, or pretending that difficulties do not exist. It is trust. Trust that God sees more than we see. Trust that His providence is at work even when circumstances seem confusing. Trust that our worth does not come from success, popularity, or approval, but from being loved by Him. In a culture increasingly marked by anxiety and uncertainty, perhaps the most powerful witness a Christian can offer is a peaceful heart that belongs completely to Christ

Édith Piaf was known as “The Little Sparrow.” In this beloved performance of La Vie en rose, she sings of seeing the world differently through the experience of being loved. The Gospel offers something even deeper: not a rosy view of life, but a trusting one. We need not be afraid, Jesus says, because the Father knows every sparrow that falls—and each one of us is worth far more than many sparrows


St. Joseph Catholic Church (Dilley, TX) • Weekend Schedule

Fr. Agustin E. (Parish Administrator)

Saturday, June 20, 2026

11.00 a.m. Grave Side Rites for Mr. Jim Stalling @ St. Mary’s Cemetery (Dilley, TX)

5.00 p.m. Sacramento de la Confesión

6.00 p.m. Santa Misa.

Sunday, June 21, 2026

8.00 a.m. Sacrament of Reconciliation

8.30 a.m. Holy Mass.

10.30 p.m. Sacrament of Reconciliation.

11.00 a.m. Holy Mass.


XII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

F. Botero, Taller de Costuras (2000), óleo sobre tela. Museo Botero de Medellín (Colombia).

Hay personas que pasan gran parte de su vida preocupadas por cosas que nunca sucederán. Imaginan conversaciones que jamás tendrán, problemas que nunca llegarán, desgracias que quizá no ocurran. El miedo tiene esa capacidad: robarnos el presente para hacernos vivir en un futuro que no existe. Por eso resulta tan actual el evangelio de este domingo. Jesús no promete una vida sin dificultades. Tampoco dice que todo saldrá siempre como nosotros queremos. Lo que ofrece es algo mucho más sólido: la certeza de que vivimos bajo la mirada amorosa del Padre. Mientras nosotros contamos problemas, Dios cuenta cabellos. Mientras nosotros medimos riesgos, Dios cuida gorriones. Mientras nosotros intentamos controlar el mañana, Dios nos invita a confiar. Quizá una de las mayores tentaciones de nuestro tiempo sea querer tener todas las respuestas antes de dar un paso. Queremos garantías, seguridades, planes perfectamente definidos. Pero la fe rara vez funciona así. La fe se parece más a caminar sabiendo quién nos acompaña que a conocer de antemano cada curva del camino. Por eso Jesús insiste una y otra vez: “No tengan miedo”. No porque el mundo sea sencillo, sino porque Dios es fiel. No porque todo esté bajo nuestro control, sino porque todo está bajo el suyo. Al volver al Tiempo Ordinario, la Iglesia nos devuelve precisamente a esa escuela de confianza cotidiana: levantarse, trabajar, cuidar de la familia, rezar, servir, amar y seguir adelante. Un día tras otro. Sin grandes fuegos artificiales -excepto los de la celebracion de los 250 años de la fundación de los Estados Unidos en unos pocos días. Sin certezas absolutas. Pero con la tranquila convicción de que nuestra vida está en las manos de Dios

Roberto Carlos grabó La Montaña en 1972, en una época marcada por profundas incertidumbres. El mundo vivía en plena Guerra Fría, la guerra de Vietnam seguía ocupando titulares y muchas sociedades experimentaban rápidos cambios culturales y sociales. En medio de ese contexto, la canción habla de una realidad mucho más permanente: el deseo humano de alcanzar una meta, de encontrar sentido al camino y de descubrir qué hay más allá del horizonte. Más de cincuenta años después, su mensaje sigue resonando. El Evangelio de este domingo nos recuerda que, aunque todos tengamos una montaña delante, la verdadera paz no consiste en dominar el futuro, sino en caminar con confianza bajo la mirada amorosa de Dios


(algunas) lECTuRAS paRa eL vERanO


Deja un comentario