
Amanece María, y en su aurora
la tierra siente cerca la promesa;
Dios prepara en silencio aquella mesa
donde el Verbo hallará su fiel morada.
Nace pequeña, humilde, ignorada,
sin corona, sin trono ni grandeza;
mas lleva ya escondida la belleza
de una historia por Dios acariciada.
Aún no sabe del ángel ni el camino,
ni de Belén, la cruz o la alegría
que guardará en su pecho peregrino.
Hoy solamente nace. Y este día
Dios pone entre nosotros, pequeñita,
la Madre que dará al mundo la Vida.
