Twenty-eighth Sunday in Ordinary Time (Cycle A)

A. Grimmer, Parábola del banquete de bodas del hijo del rey (c. 1611) Óleo sobre tabla, Museo Nacional del Prado (Madrid)

One of the strangest details in this Sunday’s Gospel is that some of the invited guests do not refuse the king’s invitation because they have somewhere terrible to go. One returns to his farm; another goes to his business. Perfectly ordinary things. Work needs to be done. Responsibilities have to be met. And yet, somewhere along the way, the ordinary has become so important that they no longer recognize the extraordinary when it arrives. Perhaps that is one of the quieter dangers of the spiritual life. We do not always lose what matters most because we choose something evil. Sometimes we simply become too busy with perfectly good things. There is always another email to answer, another errand to run, another task to finish, another problem demanding our attention. Meanwhile, the feast is ready. Friendship waits. Beauty goes unnoticed. Prayer is postponed. People we love grow older. God passes quietly through an ordinary day. The tragedy of the guests in the parable is not simply that they rejected an invitation. They had become too occupied with their lives to notice that something greater than their lives was being offered to them. Perhaps the Gospel asks us a surprisingly simple question this week: What invitation am I too busy to notice? • AE

In Cat Stevens’ Father and Son, two voices speak to each other, but somehow struggle to truly hear one another. One of them is already looking toward the life that waits somewhere else. There is something of this Sunday’s Gospel in that restless movement: sometimes the invitation is already before us, but our attention is somewhere else. The tragedy is not that life has nothing to offer—it is that we may be too busy moving on to receive it •


St. Joseph Catholic Church (Dilley, TX) • Weekend Schedule

Fr. Agustin E. (Parish Administrator)

Saturday, October 10, 2026

5.00 p.m. Sacramento de la Confesión

6.00 p.m. Santa Misa.

Sunday, October 11, 2026

8.00 a.m. Sacrament of Reconciliation

8.30 a.m. Holy Mass.

10.30 a.m. Sacrament of Reconciliation.

11.00 a.m. Holy Mass.


XXXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

E. Hopper, Soir Bleu (1914), óleo sobre tela, Whitney Museum of American Art (New York)

Hay una frase en la parábola de este domingo que resulta casi escandalosa por su sencillez. Cuando los primeros invitados rechazan la invitación, el rey manda a sus servidores a los caminos y les dice que inviten a todos los que encuentren. Y Jesús añade un detalle: «reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos». Malos y buenos. No solamente a los buenos, ni a los que parecían dignos de estar allí, ni a quienes ya tenían la vida en orden. La sala se llenó con todos. Quizá ésta sea una imagen bastante hermosa de la Iglesia. A veces imaginamos que primero tenemos que arreglar nuestra vida y después acercarnos a Dios; que primero debemos vencer nuestros pecados, resolver nuestras dudas, aprender a rezar mejor o convertirnos en la persona que deberíamos ser, y entonces podremos ocupar nuestro lugar en la mesa. Pero en la parábola el orden es exactamente el contrario: primero llega la invitación. Dios nos encuentra en el camino, como estamos, y nos llama a entrar. Eso no significa que dé lo mismo cómo vivamos —el final de la parábola deja bastante claro que la invitación también pide una respuesta—, pero sí significa que nadie entra porque ya sea perfecto. Tal vez por eso una iglesia llena nunca será una sala llena de santos terminados. Será siempre algo más parecido a aquel banquete: personas en distintos momentos de su camino, algunas fuertes y otras heridas, algunas muy cerca de Dios y otras tratando todavía de encontrarlo. Y, sin embargo, todas han escuchado la misma palabra: «Vengan a la fiesta» • AE

En el célebre Libiamo ne’ lieti calici de La traviata, de Giuseppe Verdi, una casa llena de invitados se une en un brindis alrededor de Violetta, una mujer a quien la sociedad de su tiempo difícilmente habría contado entre los «buenos». Quizá por eso esta música acompaña tan bien el Evangelio de este domingo: la sala del rey tampoco se llena de personas previamente seleccionadas por su respetabilidad, sino de todos los que los servidores encuentran por el camino, «malos y buenos». Primero viene la invitación. Después comienza la fiesta •


¿Qué lees estos días?

Diez años después de la publicación de Amoris Laetitia, la Iglesia vuelve a reflexionar sobre cómo anunciar la belleza del matrimonio y acompañar pastoralmente la realidad de las familias. Del 7 al 14 de octubre, el Papa León XIV se reunirá en Roma con representantes del episcopado mundial precisamente para profundizar en estos temas. Es, por tanto, un momento especialmente oportuno para volver a leer Amoris Laetitia: no sólo sus pasajes más discutidos, sino su hermosa visión del amor, la familia, la fragilidad y el acompañamiento pastoral. Puedes leer el texto completo aqui.